Damien Hirst, Bristol (1965)
Es el artista más rico del planeta y lo es por su propio talento y el de las personas que le rodean. Hirst se convirtió en multimillonario con poco más de 30 años a base de vender armarios llenos de píldoras de colores y animales conservados en tanques de formol. Probablemente, eso no habría sido posible sin la colaboración de Larry Gagosian, su influyente marchante de Nueva York, y la de Jay Jopling, propietario de la galería londinense White Cube. Ambos ocupan un año tras otro puestos muy destacados en la clasificación anual de los más influyentes en el mundo del Arte que publica la revista Art Review. Aunque tampoco conviene olvidar que en 2008 era ya el propio Hirst el número uno de esa lista.